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Medicina Energética (II
Parte) |
Dr. Carlos Inza http://www.acupuntura-orgon.com.ar/
¿Aspirina
+ Antibiótico = SIDA?
Podrá parecer algo exagerado
y alarmista, pero es necesario pensar el problema del SIDA desde la
perspectiva de lo que realmente es: una catástrofe biológica que amenaza
nuestra existencia y nos obliga a revisar si las concepciones vigentes
acerca del cuidado de nuestra salud son correctas. No es tan raro que una
enfermedad como el SIDA cause estragos y se difunda con tamaña impunidad,
especialmente si se considera que hasta la presentación en sociedad de
esta moderna epidemia se encuentra influida por una equivocada manera de
"leer" la problemática de la salud y la enfermedad. Es falsa la
suposición consistente en "creer" que el responsable del Sida es la
maléfica aparición de un retrovirus que produce la inhibición del sistema
inmunológico de los afectados. En la mayoría de los casos ocurre
exactamente al revés: es el fallo primitivo del sistema inmunológico el
que "invita" al virus, que en todo caso está asociado a la enfermedad.
Esta podría ser la historia habitual, que en términos biológicos resulta
mucho más lógica que la explicación oficial. Está claro que aquí se
exceptúan los mecanismos de transmisión consistentes en inyección de
sangre contaminada o contacto con mucosas muy deterioradas porque en esos
casos -al anularse las primeras barreras de accionar inmunológico- no hay
defensa que valga. Para llegar al fondo del problema planteado en esta
nota es necesario abstraerse por ahora de otros "detalles" del
fenómeno-Sida que en otra oportunidad serán desarrollados aunque no sean
menos importantes. Tal es el caso de la fantástica campaña anti-sexual y
el millonario negocio de las drogas que acompañan inexorablemente a la
palabra SIDA: estas consideraciones quedan para otro momento, al igual que
las posibilidades que ofrece la medicina energética para tratar tanto a
los enfermos de Sida como a los llamados "portadores sanos". Pero a
pesar de excluir momentáneamente estos temas es importante "ambientar" la
nota diciendo que la forma de presentar en sociedad el problema (sin duda
existe y la situación de los afectados es dramática) presenta la típica
metodología del terrorismo psicológico. El asunto es trabajar sobre el
miedo de los receptores del mensaje para inducir emociones terroríficas y
paralizarlos, no para lograr respuestas racionales y comprometer a la
sociedad en su conjunto desde un lugar donde predominen miradas claras y
acciones decididas. De hecho, el mensaje más claro que logran emitir las
organizaciones destinadas a trabajar en el tema es: ¡cuidado con el sexo!.
Es bueno ponerse en guardia contra tanta "generosidad" cuando uno
escucha la palabra "flagelo" en boca o manos de un comunicador social,
porque seguro que a continuación viene la venta de algún buzón terrible y
tirando a perverso. Esta es una señal inequívoca de manipulación, por lo
general descarada, y de ignorancia acerca de lo que se está hablando. No
duden que detrás de "flagelo" o "terrible mal" viene todo el equipo en
pleno: la "indiscutible" autoridad de los académicos, la perversa teología
de la culpa o la redención por el dolor y por último, si fuera necesario,
la contundente materialidad de algún organismo de "seguridad".
Pero bueno, por ahora dejemos estos temas tan peligrosos como
discutibles y tratemos de comprender, al menos, una de las razones por la
cual el Sida se ha extendido con tanta facilidad. Y especialmente tengamos
en cuenta las características biológicas de las dos generaciones
mayoritariamente afectadas por la enfermedad: los grupos de edad
comprendidos entre los 15 y los 45 años aunque también los más pequeños,
en este último caso por "contagio" desde la madre. Hay algo de común en
estos grupos: se trata de personas que podrían revistar sin dificultad en
la categoría de "inválidos biológicos". O sea: aquellos que tienen su
sistema inmunológico paralizado o adormecido por las consecuencias de un
largo "adiestramiento" que comienza en los primeros meses de la vida y
luego se prolonga indefinidamente hasta ser aceptado como práctica
rutinariamente correcta. La referencia alude a la utilización masiva, y
por lo general innecesaria, de dos tipos de medicamentos: el grupo de los
analgésicos antifebriles (ácido acetilsalicílico o aspirina como
representante) y el grupo de los quimioterápicos anti-infecciosos (los
antibióticos portando la bandera). Como la medicina energética no implica
fanatismo religioso, ésta es buena ocasión para reconocer que se trata de
medicamentos formidables y sumamente útiles cuando se los utiliza
correctamente. Pero lamentablemente no ocurre así: incluso dentro de la
ortodoxia alopática lo habitual es equivocarse en su prescripción, tal
cual podrá comprobarse con facilidad si se consultan los más prestigiados
tratados de farmacología y medicina interna. Todos sabemos que un arma
tan potente como los antibióticos se recetan o automedican en infecciones
banales o cuadros clínicos que ni siquiera merecen la calificación de
infecciosos. Es más: resulta cosa de todos los días enterarse que alguna
afección ha sido catalogada como de etiología viral (resfríos y gripes,
por ejemplo) ¡ y a renglón seguido se recetan antibióticos, cuando es
sabido que los virus se divierten mucho con los antibióticos, a quienes
seguramente deben usar para jugar a las bolitas ! La necesidad de
administrarlos para evitar hipotéticas infecciones secundarias por
bacterias tampoco es buen argumento, a no ser que uno se encuentre en la
categoría de recién trasplantado o resida habitualmente en un servicio de
terapia intensiva. Todo esto sería más o menos gracioso y anecdótico si no
estuviera escondiendo que en realidad se está describiendo una gravísima
situación sanitaria que amenaza con destruir a la misma especie que la
protagoniza. El uso indiscriminado e inadecuado de los antibióticos
(¿repararon en que esta palabra significa anti-vida?) tiene dos
consecuencias gravísimas: la primera es que no permite la maduración del
sistema inmunológico, que así pierde la posibilidad de "entrenar" en
situaciones fáciles preparándose para las difíciles. La segunda es que
desencadena mutaciones defensivas en las bacterias tornándolas resistentes
contra el antibiótico administrado, lo cual implica la búsqueda de nuevos
antibióticos, más potentes y muchísimo más tóxicos que los primeros. Las
reglas del buen curar se infringen de manera sistemática por desconfianza
en la capacidad autocurativa de los organismos vivos, lo cual convierte en
drama sanitario a los errores individuales de mala praxis. Si bien no hay
una estadística de estas "pequeñas equivocaciones", no es aventurado
arriesgar que los antibióticos se utilizan inadecuadamente en el 95% de
los casos.
Y ahora viene la fiebre, que por un extraño reflejo
condicionado podría transformarse en pura referencia acerca de la
aspirina. Vamos a esquivar esa trampa porque se trata de un medicamento
excelente aunque los médicos, los farmacéuticos y los quiosqueros no lo
crean. El caso de la fiebre y su bajísimo rating social es asombroso y
paradigmático. Esta fantástica arma defensiva desarrollada por los
mamíferos ha mantenido viva a la especie desde tiempos remotos gracias a
sus tres principales efectos: 1) el aumento de la temperatura corporal por
encima de los 37 grados activa notoriamente al sistema inmunológico y
eleva su capacidad defensiva; 2) las altas temperaturas "cocinan" a una
gran cantidad de virus y bacterias que son incapaces de resistirlas; 3)
inmoviliza temporariamente a la persona afectada por un cuadro infeccioso,
logrando que todos los esfuerzos sean destinados a la curación. Y sin
embargo, tal conjunto de virtudes "está mal visto" por la sociedad, que
huye de ella como de un demonio. Es necesario preguntarse acerca de las
razones que han originado esta dramática situación que también tiene
consecuencias gravísimas para la salud individual y colectiva, ¡ pero lo
concreto es que los habitantes de nuestra cultura asocian a la propia
defensa con el enemigo y hablan de la fiebre confundiéndola con la
enfermedad ! Está claro que si uno necesita tener fiebre es porque
está enfermo, pero el absurdo y lamentable error consiste en creer que la
fiebre es un síntoma de la enfermedad, cuando en realidad se trata de una
señal indicadora de la fortaleza del organismo para defenderse. También
aquí pueden consultarse los textos de medicina interna: en ellos la fiebre
o hipertermia no goza de tanto descrédito y ni se menciona la divulgada
necesidad de evitarla. Como en la mencionada necesidad de usar
antibióticos "por las dudas", aquí existe el cuco de las convulsiones
febriles, una cuestión de respuesta individual que puede evitarse y que
tampoco necesita de altas temperaturas cuando se presenta. Y ahora
tenemos el cuadro completo: desde hace ya muchos años se procede
sistemáticamente a suprimir el reflejo biológico de la fiebre,
reemplazando al sistema inmunológico por una prótesis: los antibióticos.
De esta manera se procede a "desaprender" algo que es innato: la defensa
en una situación de agresión infecciosa, lo cual implica el dudoso honor
de pasar desde la categoría de conocedor a la de ignorante,
inmunológicamente hablando. Es evidente que esta dañina metamorfosis ha
logrado realizarse gracias a la manipulación del miedo colectivo a la
enfermedad y a la voracidad insaciable de la industria farmacéutica.
También indica un peligroso bloqueo perceptual de los integrantes de
nuestra especie, cuya anestesiada sensibilidad para comprender los
fenómenos vitales la pone al borde de una catástrofe biológica. ¿ Cómo
no relacionar esta lamentable desviación del funcionamiento natural con la
explosión devastadora de una enfermedad como el SIDA ? ¿ Y como no
denunciar el gigantesco fraude que intenta perpetrarse con la mentirosa
presentación del "flagelo" ? Esta enfermedad no es nueva, solo que hasta
hace pocos años figuraba con letra chica en los tratados de medicina, de
manera que es necesario preguntarse qué cosa nueva ha ocurrido para
explicar su difusión. Y la lamentable novedad no es tan misteriosa: al
suprimir los mejores recursos defensivos naturales, se ha debilitado a tal
punto al sistema inmunológico que a los más débiles les vasta con ver un
virus por televisión para enfermar. ¡ El SIDA no es la causa sino la
consecuencia de un desastre inmunológico ! A mediados del 2000, la OMS
(Organización Mundial para la Salud) publicó un escalofriante estudio
acerca de las consecuencias del uso indiscriminado e inadecuado de los
antibióticos. En ese trabajo se recuerda que tanto la tuberculosis como la
sífilis han recrudecido y están nuevamente a la ofensiva (cuando ya se las
creía controladas), debido a la capacidad de los micro-organismos para
mutar ante el exceso de antibióticos. En el mismo informe se sugiere que,
de seguir a este paso, la humanidad volverá en menos de veinticinco años a
la era pre-antibióticos. ¿ Servirá esto para tomarse la vida en serio y
evitar el suicidio de la especie humana ? ¿ O la salud seguirá siendo "una
cuestión de mercado" ?
Dr. Carlos Inza http://www.acupuntura-orgon.com.ar/
Desde aquí puede acceder al primer artículo
publicado por el Dr. Inza en
el Portal de Medicina
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